Este fin de semana me conecté al 100% con la naturaleza.
Subí montañas y cerros, caminé entre ríos, nadé, compartí momentos con mi raza de perro favorita—el Basset Hound—y, sobre todo, me prioricé.
Disfruté de comida deliciosa, no tomé alcohol, saboreé buen café y me nutrí con alimentos naturales. Me moví en un ambiente tranquilo, alejándome de lo ruidoso y caótico.
Venía de semanas cargadas de ruido mental, social y emocional.
Pero aquí está la premisa principal de esta reflexión: me doy cuenta de que estoy apuntando a un puesto de liderazgo.
Sí, así como lo leen.
Desde los 21 hasta los 26 años estudié y me gradué con un promedio de 8.33 o 7.33 (si mal no recuerdo). Durante ese tiempo, fui responsable del área de Presupuesto, Proveedores y Negociación en una PyME en Argentina, a la cual recuerdo con mucho cariño. Hoy, cuando viajo a la CDMX, aún me tomo un café con los dueños, reímos y recordamos lo bien que la pasábamos trabajando con comunicación clara, cervezas, pedidos precisos y objetivos definidos.
Gracias a ese trabajo, recorrí gran parte de Sudamérica: Chile, Uruguay, Paraguay, la costa y el sur de Argentina. Crecimos juntos, pero mi techo quedó bajo y decidí dar un paso al costado. Me fui a otra empresa más "boutique" y ahí exploté aún más mi potencial: Colombia, Brasil, Chile y Uruguay otra vez… Viajábamos sin parar. Pero en esa vorágine me perdí a mí misma.
Mis logros económicos eran gratificantes, pero mi vida social se desvaneció. Perdí el contacto con el otro, con los demás.
Y este fin de semana comencé a sentir algo diferente: recuperé ese tacto con el mundo. Me di cuenta de que siempre he tenido poca paciencia con la tibieza, con la falta de ambición, con quienes ponen excusas para todo, con los que no se involucran con su propio crecimiento, con la sociedad, con el trabajo, con la responsabilidad y el profesionalismo.
Todos tenemos días buenos y malos, momentos de mayor o menor energía, pero eso no debería sacarnos del eje ni alejarnos de nuestros objetivos. Yo quiero "A", entonces lo busco, lo creo, lo construyo y lo disfruto. Y esa "A" es la mejor del mundo para mí porque sé toda la dedicación que le puse. No acepto comentarios malintencionados de quienes no entienden el esfuerzo, pero sí valoro las críticas constructivas de quienes conocen el valor del tiempo y del trabajo.
Hace años, un artista con el que trabajé en Buenos Aires me dijo algo que se me quedó grabado: "Cuando el mundo entienda que la vida se rige por hábitos, orden y que 'el tiempo es dinero', realmente comenzará a valorar la vida, las personas y sus proyectos".
Lo dijo en el contexto de un mural que estábamos curando en PBA. Se quejaba de que la gente lo llamaba para presupuestar metros cuadrados sin querer pagar su valor real. Y él decía con firmeza: "Yo soy caro porque mi arte tiene valor". Hoy lo entiendo más que nunca. Es hermoso tener una autopercepción valiosa de uno mismo.
Hoy, después de un año en la CDMX, siento que mi mente se ha ido ordenando gracias al deporte, a la lectura y a la curiosidad constante. La creatividad y la comunicación se han convertido en pilares de mi crecimiento.
El contacto humano vale más que un CV, más que un título universitario. Aquí y en la China. Pero ser una persona íntegra, respetuosa, directa y sin rodeos abre más puertas que cualquier otra cosa.
Hoy tengo hambre de crecimiento, de creación, de generar abundancia para viajar, para cuidar mi salud, para seguir conociendo el mundo.
Mi intuición me dice que voy por buen camino. Mis actos lo confirman. Mis contactos me impulsan a ver más allá de lo evidente.
Me encanta viajar, explorar, conversar, intercambiar experiencias, escuchar historias que nutren. Y, al mismo tiempo, valoro mis momentos de silencio, de introspección, de soledad elegida y consciente en cada decisión que tomo.
Me gusta la persona en la que me estoy convirtiendo. Y ahora sí, desde mi versión adulta, voy por ese puesto de liderazgo. Si no es en lo laboral, será en lo personal, en el deporte, en mi día a día. Tomaré las riendas con firmeza y avanzaré, sin olvidar nunca que mi prioridad soy yo. Y después, como complemento, vendrá lo laboral.
Siguiendo la pirámide del bienestar, crezco yo, y conmigo crecerán aquellos que se sumen a este camino.
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